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Ana

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El diseño del cerebro

 

cerebro-humano

Vemos en muchas publicaciones y opiniones que se considera al cerebro como el culmen de la creación. Se le define como “el órgano más poderoso que los superordenadores”, “el objeto más complejo de la creación” o “la creación más afinada y exigente”.

Realmente el cerebro es potente, magníficamente complejo, rápido y muy ventajoso. Sin embargo, todas esas alabanzas están creando el mito de que es el punto supremo de la evolución.

Lo cierto es que el cerebro, especialmente el humano, es un diseño improvisado que consigue hacer bien su trabajo. Vamos a desarrollar este enfoque.

El cerebro es un producto de la evolución natural; esto es, en lugar de estar construido desde cero para un propósito específico resulta ser un cúmulo de añadidos y modificaciones aplicadas a un cerebro inicial más básico.

El científico David Linden compara este proceso de adición a un cucurucho de helado, que en la base tiene una bola y se le van añadiendo otras por encima. El cerebro inicial, tronco cerebral y mesencéfalo entre otros, es similar al de otros animales que consideramos menos avanzados, tales como lagartijas y ranas. Luego se han ido añadiendo más “bolas” hasta llegar a la última: el enorme córtex cerebral.

Toda esta serie de agregados e incremento de funciones han facilitado la aparición de algunos puntos flacos en su funcionamiento. Una de las más graves es la lentitud con que se comunican las neuronas, debido a la forma en que se transfiere la electricidad entre ellas. La velocidad de transmisión de información varía entre 2 y 640 km/hora mientras que un cable de cobre permite una velocidad de 1.000.000.000, mil millones, de km/hora. ¡Menuda diferencia!

También esa comunicación se encuentra mediatizada por “ruido” o interferencias producidas por el propio cerebro debidas a su estructura física: variabilidad en el número de receptores, liberación de neurotransmisores en demasiada o insuficiente cantidad, activaciones de neuronas inadecuados u obstructivos, etc.

Otros fallos son su vulnerabilidad a los daños y lesiones neurológicas, los errores de pensamiento y percepción muy bien documentados, lapsus de memoria y lenguaje, etc.

A diferencia de los ordenadores, nuestros recuerdos funcionan mediante asociaciones y este sistema facilita que haya muchos deslices: confundir cuándo pasó algo, equivocarse de persona, olvidar nombres o la capacidad de formar falsos recuerdos con ejemplos de este tipo de error.

Necesitamos ser prudentes y ver al cerebro como algo muy útil y funcional, formidable e imprescindible para facilitarnos la vida pero estando lejos de ser objeto de reverencia o que haya alcanzado tal perfección de diseño que sea “lo más de lo más” en el Universo.

 

 

La mente, el cerebro y el cuerpo

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Hay expresiones habituales: “se me ha roto el corazón”, “lo siento en las tripas”, “lo tengo en la punta de la lengua” que reflejan la íntima conexión que hay entre cerebro-cuerpo-mente.

El cuerpo y el cerebro como componentes de un conjunto físico, son el sustrato que permite que la mente pueda existir. Debido al planteamiento mente-cuerpo como una dicotomía contrapuesta, durante mucho tiempo hemos asumido que ambos son independientes y totalmente diferenciados en sus funciones.

Nada más lejos de la realidad. El cuerpo, entre sus múltiples capacidades y funciones, se encarga de que el cerebro reciba sus nutrientes fundamentales de forma prioritaria. Eso se puede constatar en momentos de graves carencias alimenticias, en las que el cuerpo va usando las reservas musculares, grasas y de cualquier otro tipo para que al cerebro le llegue la suficiente glucosa que le permite seguir funcionando.

Un cerebro saludable e íntegro maneja las funciones corporales en toda su complejidad. Un cerebro dañado afecta de diversos modos a la funcionalidad del cuerpo.

Lo mismo sucede respecto a la mente, considerada como un producto emergente e intangible de la actividad cerebral. Igual que sucede con el cuerpo, un cerebro sano permite un funcionamiento mental satisfactorio,  mientras que si se ve afectado por algún desequilibrio o daño físico, la mente se manifiesta igualmente alterada.

Los datos que apoyan esta íntima relación son muy diversos:

  • Recientemente, gracias a los experimentos de la neurociencia de vanguardia, se ha detectado que hay neuronas en otros lugares aparte del cerebro y la médula espinal. En el sistema digestivo se han localizado tantas neuronas que se le ha empezado a denominar el “segundo cerebro” y lo mismo se está hallando en el corazón.
  • También experimentamos nosotros mismos el efecto tan intenso que tiene el estado del cuerpo en nuestras emociones; por ejemplo, un dolor mantenido y sordo nos pone de mal humor, nos entristece, nos aplana…
  • Por su parte, la información procedente del cuerpo afecta a nuestro pensamiento y, en un camino de doble vía, cómo pensamos afecta a nuestro organismo.
  • Podemos hacer un fácil experimento: sujetamos con suavidad entre nuestros dientes un lápiz, de forma que la boca presenta la misma tensión muscular que provoca una sonrisa. Es como si nuestra cara estuviera informando a nuestro cerebro de que hay motivos para sonreír, con lo cual el estado de ánimo positivo se activa. Incluso hay indicios que el efecto paralizante del botox interfiere en la experiencia emocional de las personas que se lo aplican, posiblemente porque se provoca una falta de información entre la cara y el cerebro.

 

El cerebro en el intestino

Según los cálculos hay unos cien millones de neuronas imbricadas en el intestino; así parece que se logra que el proceso de la digestión sea supervisado sin necesitar la intervención directa del cerebro. También se ha detectado que el 95% de la serotonina que segregan las neuronas proceden de ese “segundo cerebro”. Sabemos que la serotonina es el neurotransmisor implicado en el estado de ánimo elevado y regular sus niveles en sangre es el objetivo de muchos de los fármacos antidepresivos.

 

Nos olvidamos, en muchas ocasiones que somos un conjunto, pero que el cuerpo puede existir sin la mente aunque no es posible la existencia de la mente sin el cuerpo del que emana. Si no hacemos esa integración cuerpo-mente como un solo ente de existencia, vamos a perder identidad y posibilidades de disfrute de la vida que nos ha sido regalada.

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La publicidad de los alimentos que nos hacen mucho más inteligentes

Habitualmente aparecen anuncios, sobre todo en televisión, que  tratan de hacernos creer que los añadidos que hay en su producto: leche, yogur, cereales, etc. son elementos que potencian la inteligencia, sobre todo de los niños. Nos referimos a Omega-3, hierro, vitaminas y similares.

Hay que hacer bastantes puntualizaciones y desmentidos.

Es cierto que una alimentación sana, equilibrada y variada es buena tanto para el cerebro como para el resto del cuerpo. Esa es la realidad inicial, a la que la fantasía de la mercadotecnia añade la sugerencia de que ciertas sustancias tienen efectos específicos en nuestro cerebro.

Primero, el cerebro está protegido por la barrera hemato-encefálica, que es muy selectiva y solamente deja pasar las moléculas necesarias para el metabolismo cerebral, en especial glucosa extraída de los alimentos en su tránsito por el intestino. Y nada más que lo que necesita; incluso muchos medicamentos han fallado en sus correspondientes pruebas porque no han superado esa barrera.

Se han hecho estudios sobre suplementos vitamínicos y cuando han sido bien planteados se ha visto que han ayudado a los niños que presentaban algún déficit, pero sin hacer efecto en los bien alimentados. Así que si el niño ingiere habitualmente esa dieta sana, no contribuyen en nada.

El Omega-3 se ha constatado como buen aporte a mujeres embarazadas y en época lactante. En ningún otro estadio de la vida parece contribuir en  nada que haya resultado convincente. Es mejor comer pescado azul con cierta frecuencia: sardinas, caballa, salmón, etc. y así nos aseguramos la cantidad adecuada de ese nutriente.

Dar a los niños bebidas energéticas es otro mito que no se ha hallado que tenga una base veraz.

Lo que es importante es que las personas tratemos de alimentarnos de forma sensata, que descansemos lo necesario, ríamos en cuanto tengamos ocasión (y si no hay muchas ocasiones, vamos a provocarlas), compartamos tiempo con amigos y personas queridas, prestemos atención y compertamostiempo de calidad con los niños y nos fijemos en todo lo bueno que cada día nos ofrece. Eso sí que nos ayuda en la inteligencia emocional, la inteligencia social, la autoestima y el gozo de vivir.

¿Cómo usamos el cerebro?

 

cerebro

 

En esta etapa, voy a tratar de comentar diferentes creencias o mitos que se mantienen, de forma infundada, en las creencias populares, muchas veces potenciadas por personas que hablan desde la ignorancia o, mucho peor, desde la charlatanería.

Una de las leyendas muy extendidas es que las personas utilizamos sólamente el 10 por ciento de nuestra capacidad cerebral. Nada más falso y puesto en evidencia por los diferentes métodos de investigación de la actividad cerebral que se han desarrollado en las últimas décadas.

Puede resultar muy sugerente pensar que si solamente usamos la décima parte de nuestra capacidad potencial, con el suficiente entrenamiento podemos convertirnos en personas con superpoderes mentales, con posibilidad de desarrollar habilidades de aprendizaje y comprensión fuera de todo límite. ¿Multiplicar por diez nuestra memoria, nuestra asimilación, el aprendizaje de idiomas sin esfuerzo? Podría ser apasionante pero es una falsedad mantenida en películas y novelas de ficción.

La realidad es que cada una de las células de nuestro cerebro se usa constantemente, pues todas las interconexiones que hay entre las distintas áreas se afectan unas a otras. Hay áreas cerebrales especializadas en el pensamiento, la audición, el movimiento, la integración de la información que nos proporcionan los sentidos, el control de las funciones corporales en cada uno de sus variados órganos, las emociones, el sistema nervioso como caminos de información entrante y saliente desde el cerebro… por no hablar del pensamiento, la memoria, la visualización y todas las funciones mentales que emanan del cerebro.

Otro hecho es que en ciertas áreas, si sufren una lesión, pueden provocar grandes disfunciones en el resto del cerebro, pues hay una interconexión íntima y constante entre todas ellas. Incluso sucede lo contrario, una lesión puede ser superada porque otras áreas contiguas o próximas se hacen cargo de las funciones perdidas.

La realidad y ciencia están demostrando constantemente que usamos el cerebro en su totalidad.

Lo que son es desarrollable son diferentes habilidades y aptitudes que, cuando les dedicamos el tiempo adecuado para lograr progreso, llegamos a adquirir, tal y como las personas vamos descubriendo constantemente. Y eso está en nuestras manos porque es una de las características de nuestro cerebro, ampliar sus potencialidades.

 

 

 

 

 

Los enemigos interiores

 

enemigos

 

En muchas ocasiones en las que sufrimos no somos conscientes de que estamos alimentando a una serie de enemigos interiores que nos van socavando día a día:

  • La falta de aceptación de nuestro cuerpo, pues sin él no estaríamos vivos. Es tremenda la presión que desde tantos medios de comunicación, las opiniones ajenas y los estereotipos están constantemente coaccionándonos para que no estemos contentos viviendo dentro de nuestra piel, que no disfrutemos de todas las posibilidades de tomar contacto con el mundo que el cuerpo permite. Nos olvidamos de que sin el cuerpo que somos no existiríamos.

 

  • El pensamiento catastrofista, que nos hace vivir por adelantado situaciones que casi nunca van a ocurrir, pero que nos hacen sufrir como si estuvieran ya sucediendo. Además, todo el sufrimiento vivido por adelantado no impedirá que suframos cuando realmente suceda algo doloroso e inevitable.

 

  • Las comparaciones que establecemos con personas a quien suponemos que son mejores que nosotros, que saben más, que tienen éxito y que lo único que consiguen es que nuestra autoestima se deteriore y nos maltratemos.

 

  • El miedo al “qué dirán” cuando es algo que se escapa de nuestra capacidad de intervención. Cuando nos da miedo la opinión ajena es debido a que no tenemos suficiente confianza en nosotros mismos. Los otros dirán siempre algo, cada persona lo suyo, que suele ser en muchas ocasiones distinto a lo que nosotros necesitamos. Además, no es tanto lo que dicen sino lo que suponemos que piensan, que es todavía más difícil de saber y examinar.

 

  • Vivir culpándonos de nuestros errores en lugar de hacernos responsables de las consecuencias de nuestros actos. El error es parte del proceso de aprendizaje y hemos de integrarlo como un maestro que nos ayuda a rectificar. Lo importante es estar dispuestos a afrontar los resultados indeseados lo mismo que asumimos los efectos positivos y deseados.

 

  • Permanecer habitualmente en el pasado o en el futuro en lugar de centrar la atención en lo que está sucediendo en cada momento, de forma que podamos vivir de forma consciente todo lo que realmente pasa en cada momento.

 

Cuando somos capaces de aportar este equilibrio a nuestro pensamiento, pues realmente todo lo que hemos comentado son sucesos mentales, seremos capaces de afrontar la vida con solidez, control interior y mayor disfrute de lo más importante que tenemos: la vida.

 

Un, dos, tres, de nuevo atacan los mitos en televisión

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Una cadena comercial de televisión ha puesto en antena un programa basado en la hipnosis de espectáculo, que vuelve a remachar en todos los mitos populares que existen sobre la hipnosis.

Ya hablamos anteriormente de las diferencias entre hipnosis clínica y la de espectáculo: https://anasanantonio.wordpress.com/2012/03/12/en-que-se-diferencian-la-hipnosis-clinica-y-la-de-espectaculo/ y simplemente dando un repaso a este texto, podremos apreciar este nuevo cúmulo de desatinos, despropósitos y planteamientos simplemente llevados a cabo para la diversión del público.

Como ha sido publicado posteriormente en medios de comunicación, han usado a actores para que representasen a supuestos hipnotizados, han aprovechado las dotes histriónicas de otros para que cumpliesen con su parte en el entretenimiento, han llevado a personas que están acostumbradas a participar en programas que buscan la diversión por encima de otros objetivos y han vuelto a exponer los mitos más habituales:

 

  • Control de la mente y actos del otro,
  • órdenes posthipnóticas para hacer el ridículo,
  • inconsciencia de los propios actos,
  • implica que el hipnotizador tiene un poder especial para manejar los actos ajenos,
  • provoca un estado similar al sueño,
  • la persona puede quedar atrapada en ese estado…

 

Así pues,  se sigue usando una herramienta clínica contratada con investigación, respaldo científico en las áreas en las que se ha constatado su eficacia, eficiencia y capacidad de dotar de autonomía a las personas, permitiendo que dispongan de mayor control como un motivo de chanza, de desinformación, de creación de expectativas inadecuadas y de reforzamiento de creencias distorsionadas.

Ello basado en la actuación de alguien que se presenta como mago e ilusionista. En ningún momento acreditado para usar esa herramienta clínica.

 

Aquí tenemos que alzar nuestra voz muchas personas para defender sus reales posibilidades terapéuticas ante este mal uso y deformación de su verdadera capacidad de ayuda y enseñanza de uso adecuado con un fin de empoderamiento personal.

 

La hipnosis como herramienta para ejercitar el pensamiento

 

Pensar

De la misma manera que somos capaces de entrenar el cuerpo para desarrollar capacidades físicas, tales como flexibilidad, resistencia, fuerza, respiración, etc. podemos aprender a adiestrar el pensamiento para que sea un aliado en lugar de nuestro gran enemigo.

Muchas personas pasan la vida sufriendo de modo tremendo porque anticipan un futuro lleno de grandes y pequeñas calamidades que, en realidad, no sucederán. A ello se suma que siguen reviviendo y resintiendo sucesos de un pasado inmodificable por muy calamitoso que fuese. Sin embargo, la vida está sucediendo en el presente.

Incluso nos equivocamos al aceptar juicios desacertados sobre cómo funciona la mente, sobre todo en sus aspectos emocionales. Solemos creer que no podemos hacer nada para renovarnos, “yo soy así” o cuando pensamos que solo hace falta voluntad para lograr nuestros objetivos. Esto último es insuficiente y lo primero es incierto. “Yo soy así” ahora pero he sido de muchas otras maneras en diversos aspectos que han ido evolucionando según he ido experimentando mi vida.

También somos expertos en usar la mente para darnos instrucciones negativas. “No puedo, no seré capaz, no valgo nada, no estoy a la altura, nunca saldré de esto…” y así hasta el infinito. Es lo que denominamos autohipnosis negativa, pues son sugestiones de impotencia.

Ya que la hipnosis es una habilidad que podemos usar para focalizar la atención en aquello que idea nuestra mente, es importantísimo que aprendamos a usarla para darnos instrucciones de capacidad, basadas en las pruebas reales que solemos desechar aunque hayan sucedido en mayor proporción que las falladas.

Conviene hacer una lista escrita de nuestras capacidades, logros, retos superados, valores, puntos fuertes, esfuerzos, esto es, todo lo que hemos ido consiguiendo a lo largo de la vida, y que nos la tomemos en serio, centrando la atención en ella en lugar de mirar el aterrador y supuesto futuro de catástrofes y desastres que no ocurrirán más que en nuestra imaginación.

Esa relación de aspectos positivos la podemos hacer más potente al centrar nuestra atención en ella, resaltar nuestras capacidades, tener en cuenta todos los logros que hemos dejado de considerar como tales, sintiéndonos orgullosos de nuestra valía intrínseca y viviendo según nuestra escala de valores.

La hipnosis, así, nos aporta control y estabilidad para actuar ante los verdaderos sucesos del porvenir.

Vamos a repasar qué es la hipnosis clínica en realidad

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Como se da tanta información inadecuada, falsedades en los medios de comunicación y sigue habiendo espectáculos que presentan la hipnosis como lo que no es y la usan de forma torticera y alterando sus cualidades reales, me he planteado volver a presentar la realidad de una herramienta terapéutica muy valiosa y nada mágica.

Para usar la hipnosis dentro de una terapia psicológica, ajustada a las necesidades de cada persona en particular, cuando el profesional considere que puede ser adecuado el aporte de la hipnosis para potenciar y amplificar el efecto de dicha terapia, se seguirán las siguientes pautas:

 

  • Brindar el establecimiento de una situación interna y externa que aporte calma, tranquilidad, seguridad y comodidad, para así poder guiar a la persona a aprender a manejar la focalización de su atención en la cual poder explorar las experiencias pasadas o transformar las sensaciones que se le sugieren, de modo que facilite el proceso que lleve a lograr los objetivos deseados.

 

  • Así se suspenden los juicios que aplicamos habitualmente a nuestras experiencias y facilitamos el proceso de cambio que es convenient para el objetivo terapéutico que hayamos determinado entre el profesional y el receptor de la guía.

 

  • Insisto en que la hipnosis NO CURA por sí misma, NO ES UNA TERAPIA sino un adjunto a un proceso terapéutico planteado desde diversas corrientes psicológicas. Por ello, quien ofrece la hipnosis como único y solo abordaje de un problema está usurpando funciones sanitarias e invadiendo un campo que cae fuera de su preparación profesional. Esto es, está actuando fuera de la ley.

 

  • Así entendida, la hipnosis clínica ayuda a entrenar habilidades, adquirir mayor control personal, conecta con recursos internos y ayuda a despejar el camino terapéutico, potenciando la confianza de la persona en sus propias capacidades.

 

  • Cada persona la experimenta de manera particular, de diferentes modos en días distintos, mediada por sus expectativas, creencias, motivación y experiencias anteriores.

 

Esto es y nada más. Y nada menos.

 

 

 

Tejer nuestras cuerdas

Cuerda1

Si analizamos bien, hasta la maroma más fuerte y el cordón más fino están formados por fibras que, tomadas de una en una son frágiles, pero cuando se van uniendo, trenzando y retorciendo los distintos  cordeles, se logra una soga lo suficientemente poderosa como para amarrar un trasatlántico  a los norayes o cornamusas del puerto.

Nosotros podemos tejer nuestras diversas sogas, maromas o cordones, ajustando su fuerza a la necesidad, simplemente uniendo fibras, esto es, actos, reconocimientos, pasos logrados, eliminaciones…

Una persona que descarta la importancia de reconocer las cosas que hace bien, que da por supuestos o desmerece sus logros, que jamás se felicita por haber alcanzado un objetivo, está despilfarrando fibras y fibras, componentes psicológicos necesarios para ir tejiendo y consolidando muchas “cuerdas” que le van a aportar fortaleza personal.

Porque si nunca se reconoce o premia un logro alcanzado con un esfuerzo propio adecuado a la meta ¿cómo va a consolidar la sensación de aptitud y confianza que le permite enfrentarse a retos sucesivos?

Si no permite que la alabanza le guíe lo mismo que una amonestación  ¿cómo va a distinguir entre lo que hace bien y lo que necesita corregir?

Cuando nos planteamos un cambio, hay que repetir la nueva forma de actuar las veces suficientes para que se establezca una huella neuronal que se active con facilidad y sustituya la anterior forma de actuar, al hábito que se consolidó  a base de repeticiones y que ahora estamos alterando.

Un respaldo necesario para hacer este cambo es tener constancia de que somos capaces,   tener confianza en nuestras capacidades y esto se logra teniente una especie de “grabación experimental” que nos aporta pruebas de que en diferentes ocasiones hemos alcanzado metas, que tenemos aptitudes, que cuando usamos nuestras habilidades logramos alcanzar nuestros objetivos en la mayoría de ocasiones.

Todas estas pruebas, todos los actos acumulados son los que van a trenzar la cuerda a la que nos podemos agarrar para ir ascendiendo en los obstáculos que la Vida nos va aportando al camino que andamos cada día.

Incertidumbre y ansiedad

 

Incertidumbre

 

La incertidumbre es una constante en nuestras vidas, tanto en sus aspectos positivos como en los amargos.

Cuando, por ejemplo, no sabemos con seguridad qué nos van a regalar, esa incertidumbre es agradable, amplifica el poder de alegría que nos aportará el regalo que sabemos cierto pero incierto a la vez. La espera de algo que entendemos beneficioso y placentero incrementa las sensaciones positivas que percibimos. Ello es debido a que las personas nos sentimos atraídas por las novedades, por los enigmas: ¿será esto o lo otro? ¿cuál de todas estas cosas que me gustan será?… y también porque al saber que va a haber un suceso agradable por adelantado, nuestra mente de considera como sucedido, aunque el hecho de desconocer su calidad impide que lo “archivemos” mentalmente y volvemos a disfrutar de la idea.

En este caso la ansiedad anticipatoria la vivimos como una activación expectante, con curiosidad, con deleite y complacencia.

Estos son los aportes de las cavilaciones positivas.

Pero ¡qué diferente es el asunto cuando las anticipaciones son funestas y amenazantes! Tal y como hemos comentado que lo incierto agradable atrae nuestra atención y la mente lo considera “como si” ya fuera real, lo mismo sucede con lo incierto nefasto. Pensar que va a suceder algo malo, que no se tiene claro cómo, cuándo o qué será, es una experiencia mental agotadora, rumiativa y desestabilizante. Por ejemplo, nos dice el médico que en los análisis han salido algunos valores poco habituales; antes de tener los resultados de otras pruebas que se han solicitado o realizado, la mente se dispara y ya estamos viviendo enfermedades terribles, muerte fulminante, dolores sin cuento… en el fondo, miedo a lo desconocido.

 

Los grandes ansiosos viven de forma permanente en la cuerda floja, pues los seres humanos desconocemos el futuro, tanto el inmediato como el lejano. Cuando nos angustia el futuro, nos angustia la vida, la tememos y la sufrimos en lugar de vivirla y saborearla.

 

También las persona negativas escogen una certeza negativa “esto va a acabar muy mal” en lugar de vivir una incertidumbre asumida como parte de la realidad cotidiana. Y se centran en los aspectos que no se ajustan a sus medidas en lugar de vivir lo que sucede en cada momento.

 

De paso, ambos estilos de funcionamiento, renuncian a ser felices viviendo dentro de una desdicha que radica, principalmente, en sus pensamientos. Poco práctico ¿verdad?

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