Incertidumbre y ansiedad

 

Incertidumbre

 

La incertidumbre es una constante en nuestras vidas, tanto en sus aspectos positivos como en los amargos.

Cuando, por ejemplo, no sabemos con seguridad qué nos van a regalar, esa incertidumbre es agradable, amplifica el poder de alegría que nos aportará el regalo que sabemos cierto pero incierto a la vez. La espera de algo que entendemos beneficioso y placentero incrementa las sensaciones positivas que percibimos. Ello es debido a que las personas nos sentimos atraídas por las novedades, por los enigmas: ¿será esto o lo otro? ¿cuál de todas estas cosas que me gustan será?… y también porque al saber que va a haber un suceso agradable por adelantado, nuestra mente de considera como sucedido, aunque el hecho de desconocer su calidad impide que lo “archivemos” mentalmente y volvemos a disfrutar de la idea.

En este caso la ansiedad anticipatoria la vivimos como una activación expectante, con curiosidad, con deleite y complacencia.

Estos son los aportes de las cavilaciones positivas.

Pero ¡qué diferente es el asunto cuando las anticipaciones son funestas y amenazantes! Tal y como hemos comentado que lo incierto agradable atrae nuestra atención y la mente lo considera “como si” ya fuera real, lo mismo sucede con lo incierto nefasto. Pensar que va a suceder algo malo, que no se tiene claro cómo, cuándo o qué será, es una experiencia mental agotadora, rumiativa y desestabilizante. Por ejemplo, nos dice el médico que en los análisis han salido algunos valores poco habituales; antes de tener los resultados de otras pruebas que se han solicitado o realizado, la mente se dispara y ya estamos viviendo enfermedades terribles, muerte fulminante, dolores sin cuento… en el fondo, miedo a lo desconocido.

 

Los grandes ansiosos viven de forma permanente en la cuerda floja, pues los seres humanos desconocemos el futuro, tanto el inmediato como el lejano. Cuando nos angustia el futuro, nos angustia la vida, la tememos y la sufrimos en lugar de vivirla y saborearla.

 

También las persona negativas escogen una certeza negativa “esto va a acabar muy mal” en lugar de vivir una incertidumbre asumida como parte de la realidad cotidiana. Y se centran en los aspectos que no se ajustan a sus medidas en lugar de vivir lo que sucede en cada momento.

 

De paso, ambos estilos de funcionamiento, renuncian a ser felices viviendo dentro de una desdicha que radica, principalmente, en sus pensamientos. Poco práctico ¿verdad?

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