nutricion

La publicidad de los alimentos que nos hacen mucho más inteligentes

Habitualmente aparecen anuncios, sobre todo en televisión, que  tratan de hacernos creer que los añadidos que hay en su producto: leche, yogur, cereales, etc. son elementos que potencian la inteligencia, sobre todo de los niños. Nos referimos a Omega-3, hierro, vitaminas y similares.

Hay que hacer bastantes puntualizaciones y desmentidos.

Es cierto que una alimentación sana, equilibrada y variada es buena tanto para el cerebro como para el resto del cuerpo. Esa es la realidad inicial, a la que la fantasía de la mercadotecnia añade la sugerencia de que ciertas sustancias tienen efectos específicos en nuestro cerebro.

Primero, el cerebro está protegido por la barrera hemato-encefálica, que es muy selectiva y solamente deja pasar las moléculas necesarias para el metabolismo cerebral, en especial glucosa extraída de los alimentos en su tránsito por el intestino. Y nada más que lo que necesita; incluso muchos medicamentos han fallado en sus correspondientes pruebas porque no han superado esa barrera.

Se han hecho estudios sobre suplementos vitamínicos y cuando han sido bien planteados se ha visto que han ayudado a los niños que presentaban algún déficit, pero sin hacer efecto en los bien alimentados. Así que si el niño ingiere habitualmente esa dieta sana, no contribuyen en nada.

El Omega-3 se ha constatado como buen aporte a mujeres embarazadas y en época lactante. En ningún otro estadio de la vida parece contribuir en  nada que haya resultado convincente. Es mejor comer pescado azul con cierta frecuencia: sardinas, caballa, salmón, etc. y así nos aseguramos la cantidad adecuada de ese nutriente.

Dar a los niños bebidas energéticas es otro mito que no se ha hallado que tenga una base veraz.

Lo que es importante es que las personas tratemos de alimentarnos de forma sensata, que descansemos lo necesario, ríamos en cuanto tengamos ocasión (y si no hay muchas ocasiones, vamos a provocarlas), compartamos tiempo con amigos y personas queridas, prestemos atención y compertamostiempo de calidad con los niños y nos fijemos en todo lo bueno que cada día nos ofrece. Eso sí que nos ayuda en la inteligencia emocional, la inteligencia social, la autoestima y el gozo de vivir.

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