MIEDO A LA LIBERTAD

Si-no-tuvieras-miedo-que-harias

 

 

Recurro al título del libro de Erich Fromm ya que me parece una frase que sintetiza la principal emoción que nos provoca, aunque solo sea en nuestro fuero interno, la posibilidad de ejercer la libertad. El miedo.

En muchos cursos de los que he impartido, al plantear la pregunta de ¿qué es la libertad? una gran cantidad de personas responden que es “poder hacer lo que yo quiera”, “algo imposible”, “una cosa muy difícil”…

Y nada de eso entiendo que es la libertad, la verdadera libertad. Porque no podemos decidir cualquier cosa que deseemos ya que hay límites, circunstancias e imposibilidades. Cada persona tiene los suyos y algunos son inamovibles.

Tampoco es algo imposible, porque es más una postura interior que una amplitud de posibilidades externas.

Y sí, es difícil, sin duda, porque la libertad implica escoger entre las pocas opciones que, en un momento dado, tenemos posibilidad de optar. Escoger implica decidir, decidir implica hacerse cargo de las consecuencias de nuestra decisión; y eso es lo difícil, lo que nos da miedo, lo que nos bloquea: enfrentarnos a las consecuencias de nuestros actos, sean agradables o costosas.

Hay muchos miedos implicados en esta posibilidad de escoger: miedo a los resultados negativos, a la opinión ajena, a salirnos de las normas establecidas, a que nos juzguen por ir contracorriente, a no cumplir las expectativas que nos han impuesto como si fueran leyes…

Decidir entre las pocas opciones que nos ofrece la Vida es un modo de hacernos cargo de nuestra propia vida. También es un modo de cimentar nuestra felicidad, pues hacernos caso, dirigir el rumbo de nuestro camino, rompiendo límites ajenos que tienen que ver con sus propios miedos y no con nuestras posibilidades, es comprometernos con nuestros valores y conseguir realizar nuestras apuestas por la Vida.

 

Además, la libertad tiene mucho que ver con nuestro interior. Como muy bien dice Virginia Wolf: “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”.

Ciertamente la libertad, el ir contracorriente puede aislarnos de las personas que no admiten nuestra postura, pero sin duda nos aporta autonomía y coherencia íntima. Podemos estar pasando unas circunstancias muy duras, difíciles, restrictivas o penosas, pero nadie, nunca, puede escoger por nosotros la forma de actuar ante esos sucesos. Esa es la verdadera libertad personal.

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