Palabras e imágenes, pensamiento y comportamiento

Pensamiento

Nuestra mente tiene dos lenguajes principales, las palabras y las imágenes.

Las palabras que usa la mente son insuficientes para comunicar la gran cantidad de matices del pensamiento y las sensaciones, aunque se relacionan muy directamente con los sentimientos. A veces los lapsus linguae, las equivocaciones verbales, traicionan o descubren lo que realmente pensamos y tratamos de camuflar tras las palabras que hubiéramos previsto emitir.

También cómo decimos algo informa de más cosas, mediante el lenguaje no verbal que las acompaña, que el estricto significado de las palabras que usamos.

Las imágenes que nuestro cerebro crea y en las que se recrea tienen mucha conexión con los sentimientos y la acción. Si pienso que hay un peligro que me acecha, voy a sentir miedo y voy a actuar de forma muy precavida o voy a evitar hacer algo que podría suponer ese peligro imaginado, aunque realmente no sea cierto.

Curiosamente, cuando estamos pasando un tiempo con bajón anímico, llamémosle depresión, ansiedad, fobia, etc.  tendemos a usar más palabras negativas, verbos en pasado o futuro, en lugar de estar centrados en el presente. Cuando mejoramos y vamos saliendo de ese estado de ofuscación, usamos más palabras relacionadas con sentimientos positivos, lo que facilita la estabilidad emocional. Igualmente usamos más verbos de presente, lo cual indica que disfrutamos más del aquí y ahora, en lugar de preocuparnos por el futuro o rumiar los sucesos del pasado.

También usamos menos formulaciones negativas en la construcción de frases y ello denota que la persona se está distanciando de la sensación de fracaso o de impotencia.

Igualmente sucede con las imágenes con las que evaluamos y anticipamos nuestras conductas posteriores; cuanto más nos vemos actuar con seguridad, con confianza, usando nuestra fuerza para establecer metas y mantenernos en el esfuerzo de lograrlas, más facilitamos que nuestros actos sean consecuentes con esas imágenes. Es una especie de entrenamiento mental que nos facilita actuar en la realidad de un modo más realista y ajustado a nuestras verdaderas capacidades.

Este entrenamiento no asegura que logremos nuestros objetivos, aunque sí que nos dota de respaldo en los actos que emitimos. Si me veo haciendo algo con seguridad y aplomo, es más posible que me lance a actuar que si me veo haciendo esa misma conducta con desconfianza y sin la serenidad suficiente para mantenerme y alentarme a usar mis capacidades verdaderas.

Estamos en buen camino cuando nos abrimos a nuestro mundo exterior, cuando centramos la atención en lo que estamos haciendo en cada momento y aplicamos nuestras aptitudes a resolver el reto que nos presenta esa circunstancia,  a disfrutar de lo que la Vida nos ofrece y cuando facilitamos la aparición de emociones positivas en los momentos en los que no hay motivo de sufrimiento verdadero.

 

Ese es un buen modo de usar nuestros lenguajes.

 

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