Chantaje emocional

Chantaje

Podemos entender el chantaje emocional como una presión, directa o indirecta, mediante la cual una persona trata de que otra persona haga algo que a ella le apetece, conviene, le descarga de su propia responsabilidad o le aporta algún bien, sin tener un cuenta los deseos o bienestar ajeno. El chantaje, así contemplado, es una manipulación encubierta que se dirige a nuestras emociones o parte bondadosa, usando habitualmente la culpabilidad como modo de presión.

Es una manera de abuso psicológico, pues no respeta los derechos ajenos ni se hace cago de las propias responsabilidades. Considera al otro como un instrumento para lograr lo que desea sin tener que hacerlo por sí mismo, pedirlo claramente o exponerse a recibir un NO como respuesta.

Todos los chantajistas tienen en común, “habilidades” que alimentan su conducta de manipulación o de extorsión. Se nutren del miedo, de la culpa, de la obligación para que la otra persona haga lo que ellos desean. Así, dejan de considerar al otro como lo que es y lo usan como un simple instrumento al que pueden manipular para conseguir lo que quieren sin importarles cómo pueda sentirse esta persona.

Se valen de provocar miedo en el otro: miedo a no ser queridos o valorados, miedo a perder algun privilegio o logro, miedo a que esa persona les deje si no logra lo que desea… y generalmente el chantaje se aplica a personas con la autoestima dañada, con inseguridades sobre el amor que le ofrecen y sobre sus propios valores.

Generalmente el chantajista toma una postura de “víctima” profesional, usando su supuesta debilidad como la gran fuerza que se contecta con las carencias del otro para lograr sus objetivos sin tener que esforzarse. Si logra su deseo, engatusa al manipulado y le lanza las calificaciones que necesita oír: “ya sabía yo que podía confiar en tí”, “es que eres tan buena persona….” pero si no se lo conceden, usan la culpa para machacar: “ya sé que no me merezco ni ese pequeño esfuerzo por tu parte”, “con todo lo que he hecho por ti y ahora esto…”, “mejor estaría muerta…”

Cuando se asumen estas quejas y la culpa que las subyace, ya ha perdido la partida ante el manipulador. Y no siempre el juego establecido es detectable con facilidad, pues suele haberse basado en una forma de relación muy viciada.

Veamos algunos indicios que nos pueden orientar si nos hallamos enredados en este estilo de relación:

  • Falta de claridad en las peticiones.- Para no tener que hacerse responsables de sus necesidades, prefieren que el otro “adivine” lo que le gustaría. Y si se le echa en cara, lo puede negar con facilidad.
  • Cuando la persona chantajeada se le resiste, empieza a ejercer presiones de modo más claro y usa las lágrimas, la ira o la pena para conseguir lo que desea.No acepta el NO como respuesta.
  • El chantajista hace culpable al otro de sus estados de ánimos: me has entristecido, me enfadas…
  • Y si es necesario, empieza a especificar las consecuencias de la conducta del chantajeado. “si no lo haces, harás que me enferme, que me muera… “, “para vivir así, mejor me voy y te dejo tranquilo…”
  • Si aún no lo ha conseguido, deja pasar un poco de tiempo y vuelve a la carga, echando en cara o cupabilizando, mediante frases como: ” en realidad ¿qué te cuesta? con la de cosas que yo hago por ti…” “anda, dime que sí, que así te querré un poquito más…”

Cuidado con los chantajes, si cedemos y cedemos, caemos en un pozo en el que resulta muy difícil ver la luz.

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