Celebremos las pequeñas victorias

celebrar la vida

Nos han enseñado, de forma muy incongruente, a ser humildes de la peor forma. Nos han inculcado que celebrar, aplaudir y reconocer los triunfos, los pequeños pasos que nos van haciendo mejorar día a día, es comportarse de forma altanera y arrogante.

NADA MÁS LEJOS DE LA REALIDAD

Su equivalente en desatino es esperar a ser feliz en un momento cumbre y dejar pasar las pequeñas felicidades diarias que, sumadas y combinadas, construyen el mosaico de nuestra vida, la fuente de bienestar más disponible, la capacidad de agradecer cada suceso amable y cotidiano que nos regala la Vida.

Cada vez que somos capaces de superar un aprendizaje, de vencer un obstáculo, de trepar un impedimento, nos hacemos más fuertes, más sabios, más personas. Porque aprendemos a perseverar en el esfuerzo, a relativizar los problemas ya que tenemos experiencia de que los podemos afrontar, tenemos constancia de que somos competentes y por tanto, sabemos que tenemos  capacidades, descubrimos nuevas fuerzas y aumentamos nuestra autoestima. Aprendemos a confiar en nosotros mismos y en nuestro desarrollo personal.

La mala humildad nos hace tratar de disminuir nuestros logros, minusvalorar nuestros actos efectivos, despreciar o dejar de ver nuestros avances y nos hace dependientes de la alabanza y la adulación ajena. Es un veneno que nos desintegra internamente.

Cuando acertamos, cuando nos superamos y culminamos una obra que se nos resistía, conviene que nos felicitemos, que lo compartamos si es posible con quien lo va a apreciar y está bien que nos sintamos orgullosos de nuestro logro, por nimio que parezca.  No el orgullo pedante y vanidoso, sino el orgullo satisfecho y radiante de la evolución que emerge de nuestros actos y aprendizajes.

Muy pocas veces en la vida y solamente personas muy determinadas logran alcanzar las cotas más altas de los logros humanos. en muchas ocasiones a costa de renuncias personales tremendas. La mayoría de personas ni somos científicos revolucionarios, ni escritores de obras maestras ni modelos para la humanidad, sino que vivimos en otro plano de logros, quizá mas desapercibidos pero en absoluto poco importantes.

Cuantos actos mímimos, desapercibidos, casi invisibles, resultan ser trascendentes para la vida de otras personas.

Aprendamos a celebrar lo merecido y a tener la humildad de aceptar los errores cometidos, que también forman parte del proceso de aprendizaje. Ambas cosas son necesarias, pero al revés de cómo lo solemos hacer. Orgullo de progresar y avanzar en nuestro proceso humano y humildad ante el fallo para aceptarlo, corregirlo y, así, seguir aprendiendo.

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Sandra
    Jul 15, 2015 @ 08:38:49

    ¡Excelente! Con cuanta frecuencia obviamos las pequeñas cosas buenas de la vida por enfocarnos exclusivamente en un objetivo más amplio. Ignoramos o menospreciamos los pequeños logros sólo porque no hemos sido capaces de alcanzar una meta que consideramos más importante. Muy buen post para empezar la mañana con optimismo 🙂

    Responder

  2. anasanantonio
    Jul 15, 2015 @ 11:09:41

    Gracias Sandra por tu comentario. Me alegra que te sirva y que te haga empezar el dia con optimismo, esa es una de las buenas cosas que nos sirven para vivir mejor. ¡Me encanta!

    Responder

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