Escojamos las compañías

liberarse

Últimamente han surgido a mi alrededor, en diversas ocasiones, comentarios sobre lo que nos dificulta la vida mantener el contacto con personas tóxicas, manipuladoras, perjudiciales… y eso sucede por diferentes caminos. Estas personas:

  • Emanan negatividad.- Todo es malo, solamente se fijan en el error y nunca celebran el acierto. Son chupópteros de energía, abruman, recargan y nos quitan alegría.
  • Tratan de controlarnos.- Se creen la medida de todas las cosas, todo ha de ajustarse a su forma de hacer y aplicar sus normas, nos miden y tratan de ajustarnos a su construcción del mundo. No dejan que seamos quien somos. Este tipo de comportamiento tiene mucho que ver con la celotipia, que es una forma de tratar de mantener el poder por encima de nuestra individualidad, que tratan de aniquilar la individualidad y libertad ajena.
  • Sufren envidia y rencor.- La envidia trata de conseguir que la otra persona deje de disfrutar de algo que forma parte de su vida y que el envidioso sufre por no tener. Va muy relacionada con el resquemor precisamente porque el otro dispone de algo deseado. Así busca desposeer al otro de sus recursos, tanto materiales como psicológicos, atacando su integridad.
  • Manipulan, intrigan.- Tratando de conseguir que hagamos lo que no queremos hacer y que a ellos les beneficia, a costa de nuestro propio bienestar, equilibrio o interés. Pasan por encima de nuestras necesidades para imponer sus deseos o simplemente controlarnos.
  • Como en su fuero interno se sienten poco valiosos y no tienen conciencia de que mejorar su imagen depende de sus propios actos y percepciones, tratan de recortar el valor ajeno para sentirse a la altura. Creen que crecen porque tratan de aminorar a los demás. Y no saben que eso es imposible, porque el valor de una persona solamente depende de ella misma, nunca de las opiniones o palabras ajenas.
  • Nos faltan al respeto.- En lo más íntimo, en los límites, tratando de someternos, de conseguir que nos rindamos a su capricho y voluntad. Y todo ello sin remordimientos, sin el mínimo desasosiego por nuestro malestar o el daño que causan.

Por nuestra integridad, por nuestra responsabilidad con nosotros mismos, hemos de alejarnos de estas personas, hemos de retirarles el poder que les hemos concedido sobre nosotros, pues hemos de tener en cuenta lo siguiente:

Nadie puede hacernos sentir inferiores sin nuestro consentimiento. Eleanor Roosevelt

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