Heridas emocionales que nos acompañan desde lejos

corsanado

Nuestra historia vital, especialmente ciertas situaciones vividas en la infancia, puede habernos infligido unas heridas, unos daños emocionales que se transforman en miedos, en problemas en las relaciones y en malestar interno que necesitamos sanar para poder librarnos de tan pesada carga.

Entre las más comunes podemos encontrar:

  • Miedo al rechazo y al abandono.- Los niños que sufrieron situaciones de abandono real, impuesto o percibido, al llegar a ser adultos suelen disimular muchos miedos internos ante cualquier relación personal. Y eso les impulsa a hacerse una “profecía autocumplida”  equivalente a frases como: “antes o después me abandonará”, “no valgo lo suficiente como para que esta relación dure”, “me dejará en cuanto se dé cuenta de lo poco que le importo”, de modo que, en muchas ocasiones, se corta la relación antes de que el otro les deje, situación que posiblemente no hubiera sucedido. Así cumplimos el miedo profundo, nos quedamos solos y se confirma que no somos dignos de tener una relación estable, amorosa y sólida.

Los niños tienen etapas de pensamientos egocéntricos y entienden que todo lo que pasa a su alrededor sucede a causa de ellos y su simple existencia. Eso lo podemos comprobar cuando un niño asume la culpa de la separación de sus padres porque ha sido travieso, por ejemplo. Quien no se siente valioso, cree que tiene defectos profundos que fueron la causa del abandono inicial, ya que los adultos son perfectos y, si le dejan, es por imperfección.

Esta forma de pensar se asume como cierta y se enquista en la “realidad interna” de la persona, teniendo un peso trágico en su vida posterior.

  • Haber recibido críticas despiadadas e injustas.- Los adultos suelen usar las comparaciones (tu hermano sí que sabe hacer las cosas, pero tú…), la crítica cruel (no vales para nada, eres torpe, no puedo confiar en ti… e incluso ven expuestas sus limitaciones o problemas ante los demás en forma de burla o menosprecio (ya tiene estos años y aún moja la cama… en cuanto se pone nervioso se le caen las cosas de las manos… u otras más íntimas) y lo hacen creyendo que con eso motivan al niño para que mejore, sintener en cuenta de que así lo aniquilan y arrasan su auto-concepto, en lugar de construirlo y facilitar una imagen favorecedora de su progreso personal.

 

  • Limitación de su autonomía.- Las personas necesitamos desarrollar una serie de experiencias, aprendizajes y experimentos que nos enseñen a actuar en el mundo, de una forma progresiva y adaptada a nuestra edad y capacidades. Cuando en la familia sobreprotegemos a los niños, cuando les hacemos las cosas sin dejar que se equivoquen y aprendan, cuando les traspasamos nuestros miedos adultos y limitamos su interacción con el mundo, estamos facilitando que ese niño crezca con una insuficiente confianza en sus capacidades y recursos propios. De este modo evitará la novedad, temerá los cambios, sufrirá ante la incertidumbre y le habremos cortado las alas para que emprenda el vuelo de su vida.

 

Estas cargas nos impiden desarrollar adecuadamente la vida, nuestro progreso, provocan que suframos una voz crítica interna brutal, que nos anonada y hunde en la desmoralización y que por no estar solos aguantemos relaciones faltas de respeto y de suficiente calidad.

Es imprescindible que curemos estos profundos abismos y salgamos de ellos para poder andar por el camino de la vida con paso seguro y rebosantes de fuerza y control interno.

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