La ayuda como asfixia

Ayudar demasiado

Hay gente que cuanto más haces por ellos, menos hacen por sí mismos. Jane Austen

Es muy habitual encontrar personas (especialmente sucede con mujeres educadas para ello) que olvidan sus responsabilidades consigo mismo para encargarse de las necesidades ajenas, grandes o pequeñas, importantes o irrelevantes.

Hemos de partir del concepto inicial: “Yo soy responsable de mí mismo” y “Tú eres responsable de ti mismo”. Dentro de  nuestra responsabilidad de atender nuestras necesidades, uno de los modos de lograrlo es aprender a pedir ayuda. Eso sí, sabiendo que pedir ayuda no significa eliminar o delegar mi esfuerzo para lograr satisfacer esa necesidad. Y ello incluye entender que la otra persona puede estar disponible o no para ayudarnos. Si nos dice que NO lo único que sucede es que no hemos podido lograr su ayuda, no implica un rechazo ni nos hace de menos.

Hay personas que basan su principal valor en “ayudar a los demás”. Es verdad que nos hemos de apoyar y colaborar en ciertas situaciones con quien en ese momento no tiene posibilidad o capacidad suficiente para alcanzar el objetivo necesario. Pero ello ha de ser sopesado según el momento o situación, sabiendo que si tenemos una necesidad que consideramos prioritaria, debemos y podemos dedicarnos a satisfacer nuestra escasez en lugar de desatenderla para ayudar al otro.

Respecto a ayudar en exceso, cuando hacemos algo por alguien que sí es capaz de hacer o aprender, le estamos quitando la ocasión de reafirmar su autoestima, pues la creencia de “soy capaz” es uno de los alimentos que necesita un buen autoconcepto. Cuando nos hacemos cargo de las tareas, responsabilidades o proceso de aprendizaje de la otra persona, le estamos:

  • Impidiendo su aprendizaje y desarrollo de habilidades y conocimientos necesarios para su autonomía.
  • Fomentando su irresponsabilidad, comodidad e ineptitud.

Es conveniente sopesar las peticiones, atender aquellas  que nos llegan de personas respetuosas, que realmente consideramos que necesitan ayuda, que entendemos que tenemos disponibilidad para asistirlas y que con nuestros actos no les impedimos el aprendizaje y crecimiento. ¿Suenan frases como…?

  • Deja, que eres demasiado lento, ya lo hago yo.
  • Tenía que hacer esto urgente, pero ya lo haré después…
  • No se hace así, deja que lo haga yo y así saldrá bien.
  • Sí, claro, enseguida (Cuando se piensa: ¡Con la urgencia que tengo en acabar esto!)
  • No pasa nada, no te preocupes, yo me encargo…

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