Marcar los límites

Respeto Mafalda

“Las personas con una imagen sana de sí mismas exigen el respeto de los demás. Ellas  mismas se dan buen trato y con ello indican al resto de la gente cómo debe tratárseles” Andrew Matthews

Los límites, aunque los establezcamos una vez, hemos de vigilar que se respeten, porque no vale con enunciarlos, hay que mantenerlos y estar alerta ante cualquier intento de “asalto”.

Suele ser habitual que, por exceso de amabilidad, por preferir creer que la otra persona lo ha hecho sin intención, porque tendemos a excusar el mal comportamiento ajeno dándonos “razones” que inventamos o porque tratamos de eludir la confrontación ante una conducta irrespetuosa, vamos perdiendo terreno, vayamos claudicando ante los avances que disgregan la fortaleza de los límites y acabamos perdiendo el envite.

Este proceso suele ser paulatino y acumulativo. Es una suma de renuncias a nuestro propio respeto. Nos comportamos de una forma pasiva, sumisa y resignada, con lo cual estamos enseñando al otro el modo en que vamos a reaccionar ante sus avances: retirándonos.

En muchas ocasiones nos engañamos pensando que “le perdono porque le quiero y me quiere”. Da lo mismo el tipo de relación: pareja, hijos, amigos, padres… el que alguien te falte al respeto es algo diferente al amor. Y no dejas de quererle cuando le pones límites, todo lo contrario, estás preservando la calidad de la relación. Sin embargo, cuando permites que te avasallen lo que sucederá a la larga será que el cariño se trocará en decepción, dolor y desánimo : “Con lo bien que le he tratado yo, así me lo devuelve…”

Y cuando venimos a reaccionar, cuando nos damos cuenta de que nos hemos metido en un callejón sin salida, el esfuerzo necesario para lograrlo multiplica el que hacía falta en primer lugar. Ahora en lugar de poner una señal de “NO” hace falta partir desde un hoyo muy profundo, del que nos vemos obligados a salir cuando nos quedan pocas fuerzas.

Cuando te des cuenta de que alguien ha sobrepasado algún límite que le has señalado, en necesario que hables con esa persona de una forma amable a la vez que firme. Le haces saber lo que te molesta en concreto, sin generalizar, le manifiestas el sentimiento que ha aparecido en tu interior cuando has percibido el comportamiento inconveniente y le dices de forma muy clara lo que deseas y lo que no estás dispuesto a permitir.

Sin enfadarse, sin levantar la voz, con firmeza, claridad, decisión y tranquilidad, porque estás marcando el punto a partir del cual no vas a tolerar ningún paso más. Así es como enseñamos a los otros cual es nuestro ámbito personal y lo importante que es para nosotros, que lo protegemos de las descortesías que lo lastiman.

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