Distingamos entre depresión y duelo

Duelo Mafalda

Vivimos dentro de una marea farmacológica que se aplica a cualquier ocasión, motivo y situación humana. Una de ellas es cada vez más habitual, con todas las consecuencias psicológicas negativas que comporta.

Se está asimilando una depresión, que es una enfermedad físico-psicológica, a las reacciones naturales de duelo. Esta expresión deriva del latín “dolus”- dolor, palabra que nos indica que para reacomodar nuestra vida a lo perdido hemos de ajustar la realidad a las expectativas que manteníamos ante lo que acabamos de perder.

Vamos a ver un caso genérico. Una persona tiene una pérdida importante, profunda, por haber muerto alguna persona amada, atravesar una circunstancia económica dura, el cese de un trabajo o cualquier otra situación de alejamiento psicológico. Se siente triste, llora, tiene problemas con el sueño, con el apetito, etc. y va al médico.

Este profesional, en su papel de abordaje de enfermedad física, receta pastillas, antidepresivos, sedantes e hipnóticos, para que el cuerpo vuelva a funcionar con “normalidad”. Y tomamos esos fármacos, nos anestesiamos, nos calmamos y dormimos horas y horas, de modo que la causa del “problema” también se adormece. Así, deja de sufrir y se coloca en un Nirvana dulce, libre de malestar.

Llegados a este punto, se abren dos posibilidades:

– O depende de las pastillas sin fecha de finalización de su administración, para poder seguir esa sedación físico-mental que obnubila las emociones dolorosas,

– o pasado un tiempo considerado prudente, se van dejando de tomar las pastillas de forma paulatina y conveniente para que no produzcan un efecto rebote y alteren aún más el funcionamiento del cuerpo.

Llegados a este punto, si se dejan las sustancias farmacológicas y… ¡horror! El dolor estaba esperando nuestro desentumecimiento emocional a la vuelta de la esquina. Las medicinas solamente han aplazado el momento de enfrentarse de modo psicológico a la pérdida. Con tristeza, con llanto, con sufrimiento, siguiendo un proceso de curación, de cicatrización, de reincorporación a una vida que es diferente, que tiene un hueco, un vacío que hay que compensar con otros objetivos, con otros motivos para seguir andando.

Cuidado pues, con tratar de eliminar de una manera tan artificial una parte sustancial del proceso vital; el dolor es parte del camino, pérdidas las vamos a sufrir antes o después, de un modo u otro. Y si negamos su existencia, si nos anestesiamos mentalmente, también estamos eliminando el disfrute, la alegría, la renovación que hace que la Vida se mantenga en nosotros.

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