¿Qué hago si me da ansiedad conduciendo?

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Esta es una de las situaciones en las que si coincide que nos brota un ataque de ansiedad mientas conducimos, más nos puede complicar la vida si no ponemos límites a sus efectos.

Lo mismo sucede si en lugar de conducir nosotros nos pasa en el interior de un transporte público: metro, autobús, tren, etc. El caso del miedo a volar tiene otros componentes propios y específicos, del que hablaremos en otra entrada.

Primero, hemos de saber que no es el acto de conducir, excepto en circunstancias relacionadas con un accidente o situación de peligro, el que nos provoca el miedo, sino que es el miedo que padecemos en la mente, el miedo imaginado,  el que nos desencadena unas reacciones físicas que al no haber un peligro objetivo y cierto en ese momento que nos pueda explicar su aparición, hace que lo conectemos con el hecho de conducir.

El miedo, ya lo hemos comentado en otras entradas, provoca una activación de diferentes sistemas corporales que nos preparan para la lucha o la huída. Cuando nos enfrentamos a un peligro cierto y objetivo es bueno que se produzca esa aceleración física que nos aporta fuerza y mayor percepción del entorno.

Pero cuando esto sucede sin causa aparente, nuestro cerebro necesita dar una explicación “racional” a la activación que él mismo provoca en su circuito relacionado con las emociones, el sistema límbico. Como la parte racional no detecta nada anómalo, lo conecta con lo que estamos haciendo en ese momento, que es llevar un coche en nuestras manos. Esa parte “racional” nos dice que nos vamos a desmayar, a matar, que nos estamos volviendo locos, que nos falta aire… y nos salimos de la carretera, dando así tiempo a que se calmen los síntomas, de modo que se reafirma la creencia de que es la conducción el origen de nuestros síntomas.

En esos momentos, dependiendo de la intensidad de los síntomas, conviene seguir adelante, respirando de forma que entre menos oxígeno en los pulmones y dándose mensajes de tranquilidad y que sabes que no va a pasar nada de lo que “la otra parte de la mente” te está diciendo. Si los síntomas son muy intensos, mejor parar y esperar a que se pasen, pero enseguida subir de nuevo al coche y retomar el camino, sabiendo que es una producción mental y no una realidad, por muy intensas que hayan sido las reacciones físicas sentidas.

La gente a la que le ha sucedido podrá constatar que esas apariciones de sensaciones tan intensas y perturbadoras han tenido lugar dentro de épocas de su vida en las que estaban sufriendo mucho estrés, estaban afrontando muchos problemas, presiones y dificultades de todo tipo.

Es conveniente acudir cuanto antes a un profesional que disponga de la formación apropiada para enseñarnos a controlar ese miedo, pues es la raíz del problema surgido. Mientras no se aborde el miedo, cada uno el suyo pues eso es muy particular, la ansiedad dificultará nuestra vida. Y cuanto más terreno nos come, más pequeña es el área de funcionamiento que nos deja.

Si alguien quiere compartir alguna experiencia, será bienvenido.

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