Cuerpo y pensamiento, pensamiento y cuerpo

galleta copia

No somos conscientes, en nuestra vida habitual, de la gran influencia que tiene nuestra forma de pensar en las reacciones de nuestro cuerpo. Durante muchos, demasiados años, se ha considerado que el cuerpo y la mente eran instancias diferentes, autónomas e independientes. ¡Craso error!

La investigación científica va localizando y estudiando la íntima conexión que hay entre ciertas partes del cerebro con diversos órganos del cuerpo. Por ejemplo, el tracto gastrointestinal está fuertemente ligado al funcionamiento del eje hipotálamo-hipófisis a través de la liberación de péptidos y diversas sustancias neuroendocrinas.

Lo que ya está muy claro es que la forma de pensar que tenemos (catastrofista, anticipatoria, realista, optimista, negativa, enjuiciadora, protectora, etc.) provoca emociones y sus correspondientes reacciones físicas: taquicardia, palpitaciones, alteraciones en el tracto digestivo, colitis, problemas en el ritmo respiratorio, reacciones en la piel, caídas localizadas de cabello, etc.

Lo que nos sorprende es que, en muchas ocasiones, nuestro cuerpo reacciona de modo incomprensible y sin causa externa aparente, provocando sensaciones desagradables o incontroladas, tal como sucede en los ataques de ansiedad. Si nos paramos a recapacitar, esas reacciones físicas se relacionan invariablemente con pensamientos con un gran componente de miedo, a lo que sea, eso es personal, pero miedo: a lo que piensen, a que pase algo malo, a no estar a la altura de las expectativas ajenas, a hacerlo mal…

Dejamos de tener en cuenta una característica de nuestro cerebro: para él son igualmente ciertas las imágenes o sensaciones  que percibe a través de los sentidos que las que provoca mediante su pensamiento o evocación de sensaciones pasadas. Todo el mundo hemos experimentado, por ejemplo, cantar una canción o simplemente recordarla y ponernos en contacto con sensaciones, sucesos o imágenes relacionadas con ella en ciertos momentos del pasado.

Esas reacciones físicas, como digo sin causa aparente, entran en una escalada porque tenerlas hace que pensemos que nos pasa algo malo, con lo que aumenta el miedo y con ello la reacción física, que a su vez eleva la sensación de malestar,  desasosiego y pánico, de modo que llegamos a temer por nuestra cordura o por nuestra vida.

Esta progresión ha de cortarse con un pensamiento relativizador, realista, analítico de la realidad, de manera que cortemos esa progresión de malestar y favorezca que el cuerpo se desactive.

Para ello hay diferentes técnicas como atención plena en el exterior, respiraciones fraccionadas, técnicas mentales de distracción, autodiálogo analítico, detección de las ideas irracionales, etc.

Saber usar nuestra mente, nos va a permitir vivir una mejor vida interna y asi manejarnos mejor en los sucesos externos, porque ese buen manejo nos dota de control, el maximo posible: el que depende de nuestros pensamientos, emociones y reacciones ante tales sucesos.

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