LA SEMILLA DE MANGO

Mango

El articulo anterior, el de las etiquetas, me ha traído a la memoria el siguiente cuento. Nos enseña que sea cual sea la etiqueta que nos coloquen, carece del poder de cambiar lo que realmente somos, resulta imposible que elimine nuestra verdadera esencia.

Había una vez una persona que plantó una semilla de mango en el patio de su casa. Todas las tardes la regaba con cariño y repetía con verdadera devoción:

 Que me salga un melocotonero, que me salga un melocotonero…

Y así llegó a convencerse de que pronto tendría un melocotonero en su patio.

Una tarde vio con emoción que la tierra se cuarteaba y que una cabecita verde pujaba por salir en busca de los rayos de sol. Al dia siguiente ya habían aparecido las dos primeras hojitas.

 Ha nacido un melocotonero, decía la persona llena de orgullo.

Hasta se puso a imaginar cuántos frutos daría el árbol en su momento, cuántas cosechas de sabrosos melocotones pondría a disposición de su familia, cuantos pasteles, helados y zumos de dulce sabor podrían tomar bajo sus ramas.

Y le hablaba al árbol, tal como le hablaría a un hijo, dándole consejos:

 Tienes que ser un melocotonero bien distinto a esos mangos tan populacheros y silvestres, que en época de cosecha se dedican a llenarse de mangos sin selección y cuidado.

El árbol fue creciendo y, llegado el momento de dar los primeros frutos, la persona observó con incredulidad y desconcierto, que lo que tenía en su patio era un árbol que producía mangos. Así, le dijo con despecho y tristeza:

 No entiendo cómo me ha podido pasar esto a mi, tanto que le hice saber que era un melocotonero.

8 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Maite.
    May 27, 2014 @ 08:15:47

    Es terrible creerte melocotonero siendo mango, porque claro: como melocotonero… incompleto, o deforme, o raro, o… Ya es un “pasazo” darse cuenta de que algo no cuadra, puede que haya otros pasos intermedios y ojalá demos el de llegar a saber quiénes somos para poder vivirlo. ¿Cuántas capas, sufrimientos, verdades dadas, autoengaños vamos quitando? Besos.

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  2. anasanantonio
    May 27, 2014 @ 08:18:05

    Si Maite, es terrible. Pero es también muy liberador darte cuenta de que eres lo que eres y que al asumirlo, tienes toda la libertad para disfrutar de tu propio sabor. ¡Y anda que no están buenos los mangos!!!

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    • Maite
      May 28, 2014 @ 09:15:08

      Sí! La cosa es llegar a averiguar lo q eres: mango, manzano u olivo! que todo está de muerte! pero eso: llegar a saberlo

      Responder

  3. anasanantonio
    May 28, 2014 @ 09:57:59

    Pues si ya lo sabes, disfruta de tu sabor y compártelo, para enriquecer el menú de la vida. Besos, Ana

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  4. Salva
    May 29, 2014 @ 08:44:36

    Yo de este maravilloso cuentito de Ana (¡¡GRACIAS!!) me quedo con la sabiduría de aceptar a los demás como son. Me podrá gustar o no, pero las cosas son como son (sucias, injustas, locas, rápidas, lentas…) y esa lucha, por otro lado agotadora, de querer que sean como queremos que sean, es una batalla perdida de antemano.
    Soy el primero que me cuesta muchísimo aceptar de buena gana todas esas “inclemencias de la vida” y me jo..roban, todas las que se salgan de mi “guión” pero a base de experiencias, golpes, decepciones, sustos…creo está llegando la hora de con-VIVIR ,lo que hay, más que MAL-vivir peleando con la vida, los demás y sobretodo conmigo mismo.
    Un beso Ana y gracias

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  5. anasanantonio
    May 29, 2014 @ 09:09:47

    Maite, aunque no lo sepas, lo que sí es cierto es que tienes unas grandes cualidades personales que te hacen ser el mejor representante de la variedad MAITE, y no te hace falta más. Siendo quien eres, eres suficiente. Besos, Ana

    Responder

  6. anasanantonio
    May 29, 2014 @ 09:14:15

    Salva, eso que expresas es de una gran sabiduría. Aprender a aceptar la realidad es lo único que nos permite actuar en lo que “es” y no el lo que “quiero que sea” que se escapa de nuestras posibilidades. Tu “guión” es solamente una lista de deseos y expresión de planes, que luego tienes que adaptar a lo que en realidad sucede.

    Y te aseguro, Salva, que cuando actuamos desde la realidad, la vida se hace mucho más satisfactoria, pues permite vivir, en lugar de sufrir por como “deberían” ser las cosas. ¿Deberían? ¿Realmente tenemos la capacidad de definir cómo “deberían” de ser las cosas de la Vida? Venimos a ella, a la Vida, pero no podemos imponernos a ella.

    Sigue adelante, Salva, estás haciéndolo muy bien. Besos, Ana

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