Enfermedades psicosomáticas, I

psicosomatica I

La entrada anterior, “La alegoría del carruaje”, me ha servido como introducción a un tema que considero muy importante y cada vez más evidente: las enfermedades que sufre el cuerpo que están completamente vinculadas a factores psicológicos.

Una característica propia del cerebro y que tiene implicaciones muy profundas es que, para dicho cerebro, es TAN REAL LO QUE PERCIBE POR LOS SENTIDOS COMO LO QUE IMAGINA QUE “PODRÍA” SER REAL.

Esto es, nuestro cerebro no distingue entre lo que sucede en el exterior de lo que “piensa” o “cree” que sucede. Esa es un arma de doble filo; se convierte en un potenciador para la acción o un enemigo interno que nos provoca miedos y enfados incontrolados, por considerar cierto lo que es inexistente o simplemente supuesto sin comprobar si es real.

Hemos de tener en cuenta que, en la mayoría de las ocasiones, los pensamientos que tenemos ante un suceso concreto provocan reacciones emocionales, que a su vez disparan al cuerpo para actuar ante el suceso que puso en funcionamiento el análisis intelectual.

Esas fuerzas o impulsos para la acción, si no los encauzamos adecuadamente, van afectando, paso a paso y poco a poco, lo que los expertos llaman los “órganos diana”, que son partes de nuestro cuerpo fácilmente alterables por las emociones mal gestionadas:

– Sistema cardíaco, lo que se percibe mediante taquicardias, arritmias, tensión alta sin explicación médica, dolores de cabeza tensionales, etc.

– Sistema digestivo, mediante gastritis, colitis, inflamaciones intestinales, úlceras de estómago, úlceras intestinales, etc.

– Problemas de piel: dermatitis, alopecia areata (caída del pelo a rodales), etc.

– Acrecentar el malestar provocado por enfermedades ya padecidas: asma, alergias, etc.

– Dolores musculares debido a una excesiva tensión en diversas partes del cuerpo: espalda, cuello, brazos, etc.

Podemos ver que es un campo muy extenso y al que, médicamente, se le puede dar pocas explicaciones biológicas. Ahora ya se está teniendo en cuenta el gran peso que la ansiedad y el estrés tienen en muchas alteraciones corporales, tanto facilitando la aparición como el mantenimiento de muchas enfermedades físicas, como hemos apuntado antes.

Como es un tema amplio y profundo, vamos a dedicarle más entradas y comentarios.

Estaría muy bien que alguien pueda compartir sus experiencias personales en este asunto.

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Maite
    Dic 18, 2013 @ 09:38:06

    ¡Hola! A mí se me pone una sensación como de volumen, de presión en la garganta cuando no consigo ser asertiva y me quedo con “cara de tonta” Es como una impotencia en el momento para hacer ver mi postura y mala sensación y diálogo interno alborotado después. De hecho suelo tener problemas de garganta (afonías, laringitis…) que afortunadamente van a menos.

    Responder

  2. anasanantonio
    Dic 18, 2013 @ 10:51:20

    ¿No te parece curioso que tengas problemas en la garganta cuando dejas de decir lo que sería conveniente para ti? El cuerpo es muy sabio y si no dices lo que busca lograr respeto y defensa de tus derechos, se inflama para avisarte de que se ha quedado dentro algo que te hace daño.

    Si van a menos indica que vas tomando la postura adecuada. Felicidades.

    Ana

    Responder

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