¿Qué es la hipnosis?

 

La hipnosis  es un estado mental y físico en el que “cambiamos” la forma de funcionar de la conciencia. Normalmente estamos más o menos atentos, pero captando  lo que sucede a nuestro alrededor. Si aprendemos a  “reducir” la atención difusa (la que se dirige al entorno, al ambiente), al tiempo que aumentamos la atención interna, la que se dirige a nuestro propio pensamiento, llegaremos a conseguir un estado de “superconcentración”, dirigida exactamente a aquellos contenidos que nos interesen. Este cambio se puede lograr tanto mediante la relajación, la más habitual en la consulta de psicología, como por alerta y actividad física, con unos procesos específicos para cada una de ellas.

 

Lo importante es que se trata de un estado fácil de conseguir para la mayor parte de la gente. Es probable que casi todo el mundo pueda llegar a un mayor o menor grado  de este cambio de conciencia a poco que se aplique. Si otro nos enseña a llegar a este estado de conciencia, hablaremos de hipnosis. Cuando  lo hacemos nosotros mismos, estaremos obteniendo una autohipnosis.

 

El estado hipnótico es un estado de “superconcentración”, en el que la conciencia centraliza su atención sobre puntos concretos, separándolos del resto.  Es como cuando hacemos pasar los rayos del sol a través de una lupa: la energía se concentra sobre un punto concreto, pero sin perderse un ápice de ella. En este sentido es algo muy distinto del sueño. Durante la hipnosis no hay ningún tipo de pérdida  involuntaria de control. Durante el estado de concentración, el sujeto es dueño de sí mismo y no hace sino aquello que acepta hacer.

 

En sentido estricto, no es que una persona  hipnotice a otra. Lo que sucede es que una persona entra en un estado de concentración y relajación y otra le explica cómo hacerlo. Cualquier otra forma de entender la hipnosis es contraproducente.

 

En el estado hipnótico mediante relajación llegamos a una situación de superconcentración y de descanso, que comporta los siguientes cambios:

 

1.  Relajación muscular. El estado es de pausa (excepto en lo referido a músculos respiratorios) y de ahorro de la energía.

2.  Disociación de las sensaciones corporales. Algunas partes del cuerpo “no se notan”;  El cuerpo se siente ligero y pesado al mismo tiempo.

3.  Se pierde la atención para todo aquello que no sea esencial. Los sonidos ambientales parecen lejanos.

4.  Aumenta la capacidad para percibir las sensaciones que uno mismo se sugiera: cansancio, pesadez,  descanso, placidez…

5.  Aumenta la capacidad para disminuir la sensación de tacto, o incluso de propiciar anestesia, en cualquier parte del cuerpo.

6.  Se puede lograr un retroceso de imágenes en el tiempo: volver a re-vivir situaciones pasadas, incluso aquellas que fueron olvidadas por resultar lacerantes o dolorosas.

7.  La superconcentración permite aprender instrucciones y “grabar” mensajes con todo detalle.

 

Sin embargo, con entrenamiento, también se puede alcanzar ese estado de concentración de la atención de forma alerta, con lo que se puede ejercer en la vida habitual sin interferir en nuestras actividades diarias.

 

Ambas modalidades son adecuadas para diferentes ocasiones, pues cada una tiene unas ventajas diferentes y apropiadas.

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